Aniversario de la marcha al Cielo de don
Álvaro
Misa de difuntos
Cf.
4 Esdr 2, 34.35
Réquiem aetérnam dona eis, Dómine, et lux
perpétua lúceat eis.
Señor,
dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna.
Oración
Colecta
Te pedimos, Dios todopoderoso, por tu siervo Álvaro, nuestro obispo, a quien
encomendaste el cuidado de tu familia; tú que conoces los frutos de su trabajo
pastoral, admítele al banquete de tu reino eterno. Por nuestro Señor
Jesucristo.
Lectura del libro de Job
1, 23-27
Respondió Job: ¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre,
con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! «Yo sé
que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después que
me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro,
mis propios ojos lo verán.» ¡Desfallezco de ansias en mi pecho!
Salmo responsorial
129,1-2.3-4.5-6a. 6b-7.8
R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.
R/. Espero en el Señor, espero en su
palabra.
Desde lo hondo a ti grito, Señor: / Señor, escucha mi voz; /estén tus oídos
atentos/ a la voz de mi súplica.
R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.
Si llevas cuentas de los delitos, Señor, /
¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / y así infundes
respeto.
R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.
Mi alma espera en el Señor, / espera en su
palabra; / mi alma aguarda al Señor, / más que el centinela la aurora.
R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.
Aguarde Israel al Señor, / como el
centinela la aurora; / porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa.
R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.
Y él redimirá a Israel / de todos sus
delitos.
R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.
Lectura de la carta de S. Pablo a los
Romanos
8,14-23
Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de
Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor,
sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese
Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de
Dios; y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con
Cristo.
Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos
descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena
manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración no por
su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la
creación misma se vería liberada de la esclavitud de
la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque
sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de
parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del
Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios,
la redención de nuestro cuerpo.
Aleluya
Cf. Mt 11, 25
Allelúia. Benedíctus es, Pater, Dómine caeli et terrae, quia mystéria regni
párvulis revelásti. Allelúia.
Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente
sencilla. Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según S. Mateo
11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has
revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo
ha entregado mi Padre y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce
al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad
con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y
encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Señor, acepta propiciamente este sacrificio que nuestro obispo Álvaro, tu
siervo, te ofreció durante su vida por la salvación de los fieles; ahora que te
lo ofrecemos en favor suyo, otórgale la abundancia de tu perdón. Por Jesucristo
nuestro Señor.
Prefacio
I de difuntos
La
esperanza de la resurrección en Cristo
V/.
El Señor esté con vosotros.
R/.
Y con tu espíritu.
V/.
Levantemos el corazón.
R/.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor nuestro.
En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la
certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura
inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se
transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión
eterna en el cielo.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo ...
Cf.
4 Esdr 2, 34.35
Lux aetérna lúceat eis, Dómine, cum Sanctis tuis in aatérnum, quia pius es. Réquiem aatérnam dona eis, Dómine, et lux
perpétua lúceat eis, cum Sanctis tuis in aetérnum, quia pius es.
Brille,
Señor, sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú
eres compasivo. Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz
eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo.
Señor,
Dios de misericordia, lleguen hasta ti las súplicas que te hemos presentado en
esta celebración en favor de tu siervo Álvaro, nuestro obispo; que Jesucristo,
tu Hijo, en quien puso su esperanza y cuyo Evangelio anunció, le reciba
eternamente en su compañía. Por Jesucristo nuestro Señor.