23 de marzo

Aniversario de la marcha al Cielo de don Álvaro

Misa de difuntos

Antífona de Entrada

Cf. 4 Esdr 2, 34.35
Réquiem aetérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis.

Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna.

[Misa]

Oración Colecta
            Te pedimos, Dios todopoderoso, por tu siervo Álvaro, nuestro obispo, a quien encomendaste el cuidado de tu familia; tú que conoces los frutos de su trabajo pastoral, admítele al banquete de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.

[Misa]

Lectura del libro de Job                                                 1, 23-27

 

            Respondió Job: ¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! «Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán.» ¡Desfallezco de ansias en mi pecho!

 

Salmo responsorial                                             129,1-2.3-4.5-6a. 6b-7.8

 

R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.

R/. Espero en el Señor, espero en su palabra.

            Desde lo hondo a ti grito, Señor: / Señor, escucha mi voz; /estén tus oídos atentos/ a la voz de mi súplica.

R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.

            Si llevas cuentas de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / y así infundes respeto.

R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.

            Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra; / mi alma aguarda al Señor, / más que el centinela la aurora.

R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.

            Aguarde Israel al Señor, / como el centinela la aurora; / porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa.

R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.

            Y él redimirá a Israel / de todos sus delitos.

R/. Spero in Dóminum, spero in verbum eius.

 

Lectura de la carta de S. Pablo a los Romanos                   8,14-23

 

            Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo.

            Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

 

Aleluya                                                                    Cf. Mt 11, 25

 

Allelúia. Benedíctus es, Pater, Dómine caeli et terrae, quia mystéria regni párvulis revelásti. Allelúia.

Aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya.

 

Lectura del santo Evangelio según S. Mateo           11, 25-30

 

            En aquel tiempo, Jesús exclamó: te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

            Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

            Señor, acepta propiciamente este sacrificio que nuestro obispo Álvaro, tu siervo, te ofreció durante su vida por la salvación de los fieles; ahora que te lo ofrecemos en favor suyo, otórgale la abundancia de tu perdón. Por Jesucristo nuestro Señor.

[Misa]


Prefacio

Prefacio I de difuntos

La esperanza de la resurrección en Cristo

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.

R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R/. Es justo y necesario.

            En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

            En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.

            Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

            Santo, Santo, Santo ...


[Misa]

 

Antífona de la Comunión

Cf. 4 Esdr 2, 34.35

 

Lux aetérna lúceat eis, Dómine, cum Sanctis tuis in aatérnum, quia pius es. Réquiem aatérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis, cum Sanctis tuis in aetérnum, quia pius es.

Brille, Señor, sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo. Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo.

[Misa]


Oración después de la Comunión

Señor, Dios de misericordia, lleguen hasta ti las súplicas que te hemos presentado en esta celebración en favor de tu siervo Álvaro, nuestro obispo; que Jesucristo, tu Hijo, en quien puso su esperanza y cuyo Evangelio anunció, le reciba eternamente en su compañía. Por Jesucristo nuestro Señor.

[Misa]